22 nov. 2017

El demonio del movimiento - Stefan Grabisnki

Casi 100 años han tenido que pasar para que los relatos de terror de Stefan Grabinski puedan leerse en castellano. Ha sido la editorial Valdemar la encargada de publicar este volumen, que incluye en primer lugar los nueve cuentos que integran su libro más conocido ('El demonio del movimiento', de 1919), y en un segundo bloque una selección de ocho piezas de narrativa breve extraida de diferentes obras suyas (sin duda esos 'otros relatos de la zona oscura' con que se subtitula la antología; podéis ver lista completa en la ficha de la Tercera fundación).

Todos los textos de la primera parte están ambientados en el ferrocarril, que además de proporcionar un medio de transporte rápido, fiable y accesible a todas las economías, permitió al autor polaco crear un universo fantástico donde maquinistas, revisores y viajeros coexisten con posesiones, espíritus, habilidades sobrenaturales y entidades interdimensionales. La segunda parte mezcla temáticas variadas que tocan el terror psicológico, el gótico-romántico, e incluso alguno de inspiración lovecrafiana.

Los cuentos son entretenidos aunque bastante predecibles en la mayoría de los casos. El desarrollo es muy lineal y convencional, lo cual a priori no tiene por qué ser un problema, todo lo contrario. Por desgracia más de uno y más de dos falla en el desenlace. Con el ánimo de finalizar la historia con un quiebro (supuestamente) inesperado, lo que consigue más bien es interrumpir abruptamente el hilo argumental, dejando regusto a poco pulido. También tengo que reconocer que en la segunda parte hay un par de relatos, tres quizás, que coquetean con la locura y los trastornos psicológicos. Insinuando que quizás la percepción y el raciocinio de los protagonistas se ven alterados por alguna enfermedad mental, Grabinski compone unos relatos muy angustiosos y con un tratamiento muy moderno del terror psicológico. En éstos, la fractura de la realidad tiene efectos más espeluznantes que cualquier demonio del inframundo: las obsesiones, las paranoias o quién sabe si la esquizofrenia de los personajes les harán experimentar unas situaciones terroríficas que nunca llegaremos a saber sin son reales o solo el producto de una mente perturbada. Como bien apunta Jesús Palacios en el prólogo, se pueden considerar precursores o influencias claras de películas como Repulsión (1965) o El quimérico inquilino (1976) de su compatriota Roman Polanski. Aunque solo sea por estos 2-3 cuentos en particular, el libro ya merece la pena. Echad un vistazo a Fantífica si queréis conocer otros puntos de vista sobre El demonio del movimiento y otros relatos de la zona oscura.

18 nov. 2017

Cuentos escogidos - Joy Williams

Con la perra que me ha cogido con Joy Williams estaba claro que más pronto que tarde iba a dar cuenta de Cuentos escogidos. El volumen compila un total de 46 piezas de narrativa breve en dos bloques: 'Cuentos escogidos' el primero (33) y 'Cuentos nuevos' el segundo (13). He disfrutado mucho leyéndolo y he devorado las setecientas y pico páginas del libro porque en general, las tramas son bastante incómodas y exponen los conflictos en las relaciones humanas, ya sean de pareja o familiares. Pensando en este instante sobre las mismas no recuerdo ninguna que fuese minimamente alegre. Todo lo más tan gris como la mediocridad y la rutina de la vida de la mayoría de las personas, que solo rompen la monotonía de trabajos y vidas aburridas a base de perder el tiempo con habitos vacíos y sinsentido, cuando no directamente destructivos. ¿El la angustia existencial que expresan los personajes la causa o una consecuencia de los mismos? Me inclino por lo primero. También es verdad que casi todas las historias se caracterizan por esa particularidad tan postmoderna que son los finales inconclusos. Unos cierres que con algo de suerte te dejan meditabundo, pero que por lo general parecen más bien la interrupción de un flujo narrativo del que aún esperábamos más.

A medida que van cayendo los cuentos, no resulta nada complicado encontrar unos elementos transversales compartidos:

  • Alcoholismo. Raro es el cuento que no tiene un protagonista que bebe todo el rato, lo está dejándo, o fue alcohólico.
  • Cancer, afecciones raras en la sangre, trastornos psiquiátricos, enfermedades degenerativas. Dolencias graves y de diagnóstico difícil que bien remiten inexplicablemente, bien condenan al personaje, pero que en cualquier caso tienen resultados devastadores en su entorno afectivo más cercano.
  • Comentarios animalistas y ecologistas extemporáneos y molestos en boca de algún personaje secundario. Hoy día son cuestiones que tienen mayor difusión, pero no deja de resultar admirable que en fechas tan lejanas como 1972 esta autora ya mostrase interés por el trato infamante que damos a los animales o los constantes abusos del hombre sobre el medioambiente.
  • La repetición de una palabra o un sintagma nominal como punto sobre el que pivota la narración. Lo hacen tanto el narrador como los propios personajes. En respuesta a un comentario se limitan a repetir un elemento del discurso previo. Llegan incluso a señalar como manía la costumbre de reproducir sin más una de las palabras que han escuchado.
De igual manera hay ciertos elementos simbólicos que aparecen con frecuencia y que imprimen a los relatos un sutil aire ballardiano:

  • Vecinos fisgoneando por barrios residenciales en las últimas horas de la tarde.
  • Turistas, ferrys, visitas a viejos amigos, casas de vacaciones en las exclusivas islas de la costa de Maine.
  • Animales disecados, taxidermia.
Por resumir y como he dicho más arriba, los cuentos me han gustado por la infelicidad y miseria que destilan. Ahora bien, si tragar 46 dosis de la realidad más cruda y amarga no es algo que os apetezca, es muy probable que se haga pesado. Esta antología está reseñada en casi todos los grandes medios, pero por centrarnos en la blogosferea y en medios alternativos, os sugiero echar un vistazo a La antigua Biblos, La mirada actual e Indienauta.

14 nov. 2017

Fin de campo - Don DeLillo

Gary Harnkess es un jugador de fútbol americano universitario un poco complicado. Ha pasado por varias universidades, algunas con cierto renombre tanto en lo educativo como en lo deportivo, pero en todos los casos ha renunciado a los equipos y los estudios por razones de lo más variopinto. Ahora forma parte del Logos College, una modesta institución de enseñanza superior al oeste de Texas, en una zona semidespoblada al lado del desierto. En breve se va a incorporar como jugador Taft Robinson, un estudiante negro traspasado desde la universidad de Columbia que tiene unas marcas increíbles. Como Gary es originario de un pueblo del norte del estado de Nueva York, le piden que le dé la bienvenida por aquello de la proximidad de sus orígenes.

Fin de campo es la segunda novela de Don DeLillo, publicada en 1972 pero inédita en España hasta 2015. Y por mí como si no la hubieran traducido nunca, porque vaya estupidez de libro. Es pretencioso, aburrido y los personajes tiene nula credibilidad. La cosa es como sigue: los dos primeros tercios del libro se articulan en torno a soplapolleces sobre fútbol americano con su jerga ridícula de centrales, linieros, receptores y quaterbacks. Los entrenamientos, las lesiones, el relato de los partidos, la vida universitaria de unos jóvenes inmaduros con la testosterona en niveles máximos y un poderío físico descomunal. Al comenzar el segundo tercio empiezan los delirios intelectualoides de los propios jugadores, los entrenadores, algunas amigas de Harnkess y uno de sus profesores. Después de habernos pasado toda la vida viendo a los jugadores de fútbol americano universitario como cabestros que bordean el analfabetismo funcional, va DeLillo, más listo, más original y más sarcástico que nadie, y los pone a profundizar en lo inefable. En la mayoría de los casos las reflexiones recogidas son tremendamente inconexas y surgen de la boca de los personajes sin que medie aviso previo. Terminan de improvisar un partidillo bajo una ventisca de nieve, que así de fogosos e impetuosos son estos hercúleos muchachotes, y lo primero que comentan son los atractivos de la guerra nuclear. O quizás la perfección de un deporte que emula la guerra. O bien la purificación del espíritu a través del dolor, la humillación y la derrota. En definitiva tontunas de distinto pelaje que resultan inconcebibles en esos mastuerzos y que me han generado tanto rechazo como la parte deportiva.

Ya sé, ya sé. No he pillado el mensaje subyacente. Las conexiones con la situación mundial en el momento en que fue escrita. La guerra de Vietnam, el muro de Berlin, la amenaza comunista, el holocausto atómico. Bla, bla. Tal vez sí las he pillado pero no le he encontrado la gracia. Es verdad que hay un par de ocasiones en que hay una crítica directa a los sistemas políticos y los gobiernos, al consumismo y algún otro tema de interés. Pero no será más del 0,1% del texto. Un par de párrafos, poco más. No voy a salvar de la quema una novela de cerca de 300 páginas por diez frases ingeniosas. No compensa el resto de idioteces que he tenido que leer. Me da igual que sea DeLillo o la madre que lo parió.

Aunque en mi opinión el libro no vale ni el papel que han gastado en él, me ha resultado fantástico leer reseñas en los medios. La de El Cultural es pura complacencia y malabarismo lingüístico en su máxima expresión, porque no me cabe en la cabeza que esto que he leído sea "un original y necesario alegato a favor de la paz". A-co-jo-nan-te. Y en Fantasymundo derrochan buenas intenciones y mejores palabras al decir, entre otras maravillas, que la novela recoge "un fresco de personalidades libres, autónomas y brillantes en su originalidad". Esto sí que es fantasía pura y no el nombre de vuestro domino, chatos. Menos mal que en Aula de Filosofía no les tiembla el pulso al decir que es "una novela muy irregular" que entre otras cosas dedica "cuarenta páginas a describir con todo detalle un partido de fútbol americano y otras tantas a poner en boca de deportistas de élite elaboradas especulaciones filosóficas. Es aburrido y no es verosímil".

10 nov. 2017

Los superjuguetes duran todo el verano - Brian W. Aldiss

Los superjuguetes duran todo el verano y otras historias del futuro recopila un total de 21 relatos cortos de Brian W. Aldiss. Se usa como reclamo del volumen el título que sedujo a Stanley Kubrick y tomó como inspiración para una película que él no llegó a rodar por mil y una desavenencias con el propio Aldiss, a quien encargó el guión. Tras la muerte de Kubrick y con todos los derechos sobre la idea original vendidos desde hacía tiempo, fue Steven Spielberg quien lo llevó a la gran pantalla en 2001 bajo el título A.I. Artificial Intelligence (cuyo resultado deja muchísimo que desear, en mi humilde opinión). Todo esto lo explica el escritor británico en un prólogo muy interesante que detalla los vaivenes de su relación con el cineasta, a quien en un momento llega a calificar indirectamente de genio de hábitos mezquinos.

A excepción del cuento que da título al libro, que data de 1969 (podéis ver la lista completa en la ficha de la Tercera Fundación), el resto de relatos cortos incluídos está escrito entre finales de los 1990s y principios de los 2000s. La diferencia en las tramas y temáticas abordadas respecto a todo lo que había leído anteriormente (casi todo relatos de principios de 1960s), es abismal. Este tomo se compone de ficciones distópicas y utópicas que en textos muy breves, desarrollan cuestiones sociales, filosóficas y éticas. Ateísmo y ciencia frente a religión y mitos. Los excesos de la sociedad de la información y de los mass-media. Desastres medioambientales causados por la mano humana y la necesidad de desarrollar una conciencia ecológica. Las miserias del antropocentrismo. El vegetarianismo y los derechos de lo animales como paso necesario en el progreso humano, etc. Si Eumeswil de Ernst Jünger me pareció un ensayo novelado, podríamos decir que estos cuentos son ensayos desarrollados en formato breve.

A medida que comprobaba los temas que se iban desgranando en cada título, me iba quedando más atónito. Y por supuesto más encantado, que ya me tocaba reconciliarme con su obra. ¡Por fin puedo recomendar un libro suyo! No obstante hay quien no piensa como yo: "decadencia literaria" o "permanente estado de caída libre" es lo más amable que dicen sobre el británico en Bibliópolis en relación a esta compilación. En el Sitio de Ciencia-ficción no se quedan atrás y piensan que menos el que lo titula, "los relatos que integran esta antología van de lo regular a lo pésimo". Y yo que me pregunto: ¿cuáles son esas obras maravillosas de Aldiss de las que todo el mundo habla? Porque hasta llegar a éste, yo no he visto nada de interés en su obra. Nada. Nichts. Rien de rien. Es para quedarse a cuadros.

6 nov. 2017

La vegetariana - Han Kang

La decisión de Kim Yeonghye de hacerse vegetariana supone un cambio radical en su vida, pero también en la de quienes la rodean. La evolución del proceso será narrada por su marido primero, a continuación por su cuñado -el marido de su hermana Inhye-, y por último por la propia Inhye.

Mi primera sorpresa al buscar información sobre La vegetariana es la insistencia de la mayoría de los medios on-line y blogs en destacar que el libro no es un tratado sobre vegetarianismo, veganismo, ni mucho menos animalismo (dado que la protagonista excluye los productos animales no solo de su dieta, sino  también de su vestuario, podríamos calificarla de vegana sin errar mucho el tiro). Uno lee estas reseñas, digo, y parece que esta decisión, que Yeonghye toma para alejarse de la violencia implícita a la explotación de animales, no es más que un capricho de alguien que no está en sus cabales. Da la impresión de que para los redactores de estos artículos y en lo que afecta a la trama, el hecho de abrazar el vegetarianismo es poco más que circunstancial y Han Kang podría haber optado porque el personaje central hiciera cualquier otra cosa para mostrar sus rarezas. Porque por el enfoque de las críticas, ¿qué es el vegetarianismo sino una rareza? Vestir solo de verde. Repoblar un páramo de árboles. Plantar flores y arbustos en rotondas públicas sin permiso de la autoridad competente. La cosa es llamar la atención de alguna forma, parecen insinuar. A estos articulistas les da igual que sea la propia autora quien lo afirme tanto en esta obra de ficción como en  entrevistas: hacerse vegetariana es una resolución que toma la protagonista para rechazar la violencia. Pero mencionar algo así incomoda a quienes no se ha hecho nunca una pregunta.

La segunda sorpresa en relación a este libro es el motivo por el cual Yeonghye se convence de la necesidad de dejar de comer y consumir productos animales. Porque se sale de las razones habituales esgrimidas por todos aquellos que hemos dejado de participar en el holocausto animal. Por una vez y sin que sirva de precedente no voy a dar más pistas, ya que son precisamente esas causas las que permiten a Kang crear una novela tremendamente original, pero muy inquientante y desasosegante. Y si no queréis que os la arruínen os recomiendo no consultar la blogosfera ni los medios.

Uno de los grandes aciertos de la escritora coreana ha sido el no dar voz a Yeonghye, y aquí sí que coincido con casi todo el mundo. El hecho de que sean sus familiares quienes lleven el peso de la historia ayuda a transmitir la profunda molestia que provoca en su círculo más próximo que ella deje de comer animales. El marido ve peligrar sus carrera profesional. El cuñado, que es (video) artista, la utiliza como catalizador y musa para resucitar su talento. A su hermana y su familia carnal les complica la vida lo indecible y los avergüenza. Podría decirse que el vegetarianismo es un elemento perturbador del orden social que se emplea como metáfora del rechazo a la diferencia por parte de una especie tan gregaria como la humana. Pero como metáfora ha sido elegida con mucho acierto, ya que su fuerza radica en evidenciar la pasividad de la masa ante un acto intrínsecamente perverso por innecesario: el sufrimiento y la masacre de animales para ser utilizados como alimento humano. Esta pasividad e innación se materializan en la protagonista, que incapaz de poner orden en su vida, resulta víctima de todos, incluso de ella misma. Resumiendo y por poner punto final a este alegato animalista en que se ha convertido la reseña: una obra interesantísima, perturbadora y completamente fuera de lo habitual. Es bastante infausta, eso también, pero no por ello deja de hermosa. Tenéis más reseñas en Un libro al día, Lo que leo lo cuento y Libros y literatura.

2 nov. 2017

Justicia - Friedrich Dürrenmatt

El Dr. h.c. Isaak Kohler es un conocido consejero cantonal y forma parte además de los consejos de administración de algunos trusts. Una tarde entra al restaurante «Du Théâtre» y se dirige hacia la mesa donde el profesor Adolf Winter está cenando. Le apunta con una pistola y dispara sin mediar palabra, acabando de esa forma con su vida. El crimen es presenciado por la multitud de comensales que abarrotaban el local. Él se marcha tranquilamente y pasadas unas horas se entrega a la policía. El fiscal Jämmerling se hace cargo del caso y consigue una condena ejemplarizante de 20 años en prisión para que no se diga que la justicia hace distinciones entre clases. Una vez en prisión Kohler se pone en contacto Felix Spät, un joven abogado que antes trabajaba para el mejor bufete de la ciudad. Le propone estudiar su caso partiendo de la base de que él no es el asesino de Winter. A pesar de que Spät sospecha que hay intenciones ocultas en tan extravagante petición, no le queda más remedio que aceptar porque su carrera como profesional independiente no termina de despuntar, y además de pagar una jugosa minuta, Kohler le va a recomendar a sus amigos. Así pues, con la ayuda de Lienhard, un investigador privado recomendado por el propio consejero, empezará a escribir un documento a medio camino entre un informe y un diario en donde recogerá todos sus descubrimientos que como colofón, provocarán que el convicto quede en libertad.

He leído tantas reseñas de obras de Friedrich Dürrenmatt en La esquina de ese círculo que cuando vi un libro suyo en {LQ} no me lo pensé ni un segundo. No podría haber elegido mejor toma de contacto con el escritor suizo, porque Justicia ha resultado ser una novela negra con una trama tremendamente original, ideada y desarrollada a la perfección. Puesto que al asesino lo conocemos desde las primeras páginas, el objetivo de la narracion no será desenmascararlo, sino más bien poner en evidencia un sistema judicial que permite que un criminal confeso quede en libertad. Por no hablar de la inmoralidad de una sociedad que ha construído y permite dicho modelo de justicia.

No hay apenas acción, algo que al menos yo agradezco, porque relatar un tiroteo o una persecución no me parece que aporte gran cosa. Sí que tenemos otros elementos habituales en el género que por suerte se tratan con tanto estilo y clase que no resultan clichés. Sin ir más lejos, el protagonista tiene problemas con el alcohol y se relaciona con los bajos fondos (chulos y prostitutas a quienes ofrece la mejor defensa posible). Por otro lado, a medida que la investigación avanza y la conducta del abogado se degrada, van apareciendo nuevos personajes que conforman una red de intereses económicos, sentimentales y personales que dan cuerpo a la historia. Es impresionante la habilidad del escritor suizo para ir aportando pistas que ayudan al lector a desenredar el supuesto lío que tenemos delante, ya que no es tal y solo lo aparenta porque nos faltan datos.

El texto que redacta el letrado en primera persona supone el 90% de la novela. No hay florituras ni excesos lingüísticos. La prosa es simple y directa, y aunque el texto es denso por la gran cantidad de información y reflexiones que hemos de asimilar, el ritmo es imparable y la lectura no se hace nada pesada. A esto ayudan puntuales incursiones humorísticas que relajan la tensión que se acumula. Mientras caían las páginas me ha resultado imposible no pensar en Homo faber de su compatriota Max Frisch, ya que estilísticamente comparten un tono objetivo, casi científico, que a mí personalmente me encanta. Por no hablar del cierre del informe de Spät, que me ha dejado tan entusiasmado como ya me ocurriera con el clásico de su paisano.

La acción transcurre a mediados de los 1950s, pero el libro concluye con un epílogo escrito por el propio autor en un capricho metaficcional que tiene lugar a mediados de los 1980s. Es cierto que esta breve sección final termina de mostrarnos el cuadro al completo. Las explicaciones son de agradecer, más aún cuando se han urdido tan magistralmente. Sin embargo he disfrutado tanto con los desgarrados padecimientos y descubrimientos de Spät que sinceramente, no me habría importado prescindir del carácter revelador del epílogo. Tenéis más reseñas de esta excelente obra en El hombre vivo y Tu nombre en la portada.

29 oct. 2017

Venus en la concha - Kilgore Trout

Los Hoonhors son una especie extraterrestre que recorre el universo impartiendo una suerte de justicia cósmico-ecológica: provocan un diluvio masivo y global en todos aquellos planetas cuyas especies dominantes han causado desastres medioambientales graves. La medida es drástica aunque expeditiva, ya que la mayoría de las especies desaparecen (sobre todo la causante de los problemas), pero siempre sobreviven algunos individuos de algunas de ellas. Súmale a esto la resistencia propia de las especies vegetales y en unos pocos miles de años el equilibro ecológico se habrá restablecido. Como no podía ser de otra forma, los Hoonhors dan un merecido repaso al homo sapiens en la Tierra, pero en esta ocasión hay un superviviente humano: Simon Wagstaff. Nuestro protagonista abandonará el planeta azul en una nave espacial encontrada flotando a la deriva. Su intención en un constante ir y venir por todos los confines del cosmos (hecho que le hará ser conocido como 'El vagabundo espacial'), no será otra que encontrar a otras especies inteligentes que den respuesta a la gran incógnita que ha preocupado a la humanidad desde sus orígenes.

Imaginad mi sorpresa cuando una mañana de domingo pasando el rato en el mercadillo de libros de la Cuesta de Moyano de Madrid, me tropiezo con un libro de Kilgore Trout. Sí, sí, Kilgore Trout. El escritor maldito de ciencia-ficción salido de la pluma de Kurt Vonnegut y a quien éste hace referencia en casi todas sus novelas. La excitación y la emoción fue tal, que me aislé fuera del tiempo hasta que deduje que debía tratarse de alguna broma literaria urdida por el propio Vonnegut y Philip J. Farmer, que figuraba como coautor en la portada. Una posterior búsqueda en Internet me aclaró que efectivamente Venus en la concha la escribió Farmer bajo ese seudónimo con la autorización incial de Vonnegut, aunque una vez publicada y visto (más bien leído) el percal ya no le pareció tan buena idea, de ahí que en sucesivas reediciones tuviera que aparecer también el nombre de Farmer.

Conociendo el perfil literario que Vonnegut imprimió a Trout y que el mismo Farmer tiene novelas infames, no resulta difícil imaginar que no nos encontramos ante una pieza de alta literatura, sino ante una novela de ciencia-ficción intrascendente y disparatada que podríamos encuadrar en el subgénero de la space-opera. Al fin y al cabo, lo único que hace Simon es explorar el universo por zonas aún no cartografiadas y visitar planetas y civilizaciones donde le puedan ayudar en su búqueda de tintes filosóficos. Algunos mundos explorados resultan más interesantes que otros, pero en general las descripciones de las exoespecies y sus formas de vida se vuelven terriblemente aburridas nada más comenzar. Habrá quien piense que en realidad esas sociedades y seres imaginarios ocultan críticas veladas a los males propios de las sociedades humanas (machismo, las carencias de la administración de justicia, la hipocresía con que se tratan las relaciones sexuales, etc.). Estoy de acuerdo en que dicha idea no se puede despachar muy a la ligera, pero no por ello las explicaciones y detalles sobre las mismas dejan de ser tediosas.

Hay no obstante otros elementos que aportan atractivo al texto. De hecho hay golpes de humor muy trabajados, en especial los que toman como referente la guerra entre los sexos. También apuntes filosóficos fuera de lugar que exponen el buen juicio del autor. Y si Vonnegut incluía citas y menciones a las obras de Trout en sus novelas, en este caso es el protagonista quien en un nuevo giro de tuerca ficcional nos da a conocer en varias ocasiones las historias publicadas por un tal Johnatan Swift Somers III, su autor de ciencia-ficción favorito. Por cierto que si habéis leído la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams, habréis apreciado ciertas semejanzas en las tramas que van más allá de lo casual. Según la Wikipedia, el autor británico pretendió con ello homenajear esta novela. Por ir acabando ya, estamos ante un experimento que ya solo como concepto es digno de tener en cuenta. A nivel literario no es gran cosa, pero desde luego está por encima de otras obras con más intención más elevada del propio Farmer (no digo ya de otros autores). Tres euros que pagué. Un chollazo. Yo en vuestro lugar no me lo pensaría ni un segundo si me topara con ella en cualquier librería de lance, pero bueno ya sabemos del pie que cojeo. Tenéis más reseñas en Cuásar. Ciencia-ficción y y literatura fantástica y Sevilla escribe. Colectivo Literario. Pero para que no todo sean elogios, echad un vistazo a este foro de Meristation.
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